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Oviedo es una ciudad llena de historia y curiosidades, desde las antiguas líneas de tranvía hasta leyendas como el fantasma del Hotel Reconquista, pasando por monumentos como la Fuente de Foncalada y esculturas urbanas.
Oviedo es una ciudad que sorprende incluso a quienes la conocen bien. Más allá de su catedral gótica, sus calles empedradas o sus sidrerías animadas, guarda pequeños secretos que revelan su historia y su carácter. Al caminar por la calle Mendizábal, justo frente al Teatro Filarmónica, pocos se fijan en unas discretas líneas metálicas que cruzan el pavimento. No son adornos modernos ni parte del mobiliario urbano: son los restos de las líneas de tranvía frente al Teatro Filarmónica, vestigios del antiguo tranvía de Oviedo, que funcionó entre 1922 y 1951. Estas vías conectaban el centro con barrios y pueblos cercanos como Trubia o Lugones, y aunque fueron retiradas cuando llegaron los autobuses, se ha conservado un tramo como homenaje a aquella época en que el traqueteo de los vagones era parte del paisaje sonoro de la ciudad.
A unos pasos de allí, en el barrio del Fontán, otro recuerdo del pasado sigue latiendo, aunque ya no se alza como antes. Se trata de El Carbayòn, un viejo roble que durante siglos fue punto de encuentro vecinal y símbolo de la vida comunal ovetense. No era raro que se celebraran reuniones bajo su copa o que se mencionara como referencia en documentos antiguos. Aunque el árbol original enfermó y tuvo que ser retirado, en su lugar se plantó un nuevo ejemplar acompañado de una placa conmemorativa. Hoy sigue siendo un lugar cargado de significado, donde se mezcla el presente con la memoria viva del barrio.
El Carbayón fue talado en 1983 debido a una enfermedad, pero su legado perdura. En su lugar, se plantó un nuevo roble y se colocó una placa conmemorativa que sigue honrando la memoria de este árbol, símbolo querido por los habitantes de Oviedo.
La historia de Oviedo también tiene sus rincones más misteriosos, como ocurre con el fantasma del Hotel Reconquista. Este emblemático edificio, conocido por acoger cada año a los premiados con el Princesa de Asturias, fue en el pasado un hospital y hospicio. Se dice que en sus pasillos aún vaga el espíritu de una dama vestida de blanco, una figura etérea que algunos trabajadores y visitantes afirman haber visto o sentido. Susurros, corrientes de aire repentinas, luces que parpadean… una leyenda que, cierta o no, añade un toque de intriga a uno de los hoteles más elegantes de la ciudad.
Y si hay algo que define a Oviedo, es su amor por el arte urbano. Por eso, al caminar por sus calles no resulta extraño toparse con alguna de las estatuas que te saludan (y te espían). Desde la famosa escultura de Woody Allen en la calle Milicias Nacionales hasta La Regenta, observando con serenidad desde la plaza de la Catedral, las estatuas forman parte del paisaje ovetense. Pero hay muchas más, a veces tan discretas que se confunden con la vida cotidiana: el vendedor de periódicos en la calle Magdalena, el cartero junto al Campo San Francisco, el lector, el viajero… Un auténtico museo al aire libre que hace que cada paseo por Oviedo tenga algo de descubrimiento.
Un rincón menos conocido pero fascinante es la estatua del viajero, una escultura de bronce que se encuentra cerca de la estación de tren de Oviedo. Conocida también como "El regreso de Williams B. Arrensberg", esta obra fue realizada por el escultor Eduardo Úrculo en 1993. La estatua representa a un hombre con sombrero, maletas y gabardina, como si estuviera llegando o a punto de partir, atrapado en un instante suspendido entre el regreso y la partida. La figura está inspirada en Williams B. Arrensberg, un amigo del artista, quien era un viajero incansable que permitió a Úrculo esculpir su figura a pesar de ser reacio a las cámaras. La estatua no solo remite a la figura de Arrensberg, sino que también simboliza a todos los viajeros que llegan o parten de la ciudad. La obra está colocada directamente sobre el suelo, sin pedestal, invitando a los transeúntes a interactuar con ella, haciéndola accesible a todos los que la descubren.
Otro rincón fascinante de Oviedo es la Fuente de Foncalada, una de las joyas más escondidas de la ciudad, que data del siglo IX. Esta fuente medieval, construida en estilo románico, es uno de los pocos ejemplos de este tipo que se conservan en España. Se cree que fue erigida por el rey Alfonso II el Casto, en honor a su madre, la reina Aldora. La fuente fue utilizada en la Edad Media por los peregrinos del Camino de Santiago, quienes se detenían allí a beber agua y descansar. Según la leyenda, se decía que las aguas de la fuente tenían propiedades curativas, y era común que los viajeros recobraran fuerzas antes de continuar su camino. La estructura de la fuente es sencilla pero elegante, con una arquivolta decorada con grabados que han sido erosionados con el paso del tiempo. Aunque muchas personas la pasan por alto, la Fuente de Foncalada es un vestigio histórico que invita a los habitantes y visitantes de Oviedo a hacer una pausa y reflexionar sobre la rica herencia cultural de la ciudad.
Así es Oviedo: una ciudad donde cada rincón guarda una historia, una anécdota o un secreto esperando a ser contado. Y tú, ¿conoces alguna otra curiosidad que merezca ser compartida?
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